> Arcanum VI

jueves, 31 de julio de 2014

Objeto literario citadino

Por Diego Bang Bang

La única verdad absoluta es que nuestra sociedad necesita más escritores que escritura. Más fechas culturales conmemorativas que poemas y cuentos y novelas. Le importa más conocer la vida privada de la sirvienta de Octavio Paz que las últimas palabras de Piel Divina. Le importa más otorgar premios, concordantes al proyecto nacional de desarrollo, que conmoverse con las primeras letras de Arqueles Vela.

Así, más o menos, comienza la Narcoliteratura Mexicana. Esa narración minuciosa y amoral en la que las expresiones más vanguardistas de la literatura se nutren y tienen una relación inexorable con algún narco o con la cultura del narcotráfico.

Visto de un modo pesimista, no hay mayor cultura oficial que la cultura del narco. Sus brazos, de verdadero cetáceo, se extienden indefinidamente y sus fronteras son imposibles de identificar. La manera terminante de esta presencia-ausencia son los objetos. Es en el campo de lo simbólico donde la última gran batalla se libra.

Al menos en eso pensaba mientras el vagón Elena Poniatowska se acercaba al andén. También mientras el boleto del metro Octavio Paz se trababa en los torniquetes. O mientras veía la última colección de Alfonso Reyes anunciarse en un resplandeciente parabús del centro de la Ciudad.

¿Cuántas calles se llamaran Octavio Paz? ¿Cuántas más Elena Poniatowska? Ya casi puedo imaginar las que se llamarán Gabriel Zaid o Guillermo Fadanelli. Y también puedo imaginar la indiferencia de las personas que habitarán esos lugares. Personas que nunca se imaginarán haber perdido una batalla decisiva. Una batalla que comienza en los campos de amapola y termina en las oficinas de Conaculta en Reforma.

Y, entonces, será normal leer poemas de Octavio paz y Efraín Huerta en los libros de texto gratuito. Tan normal como hacer la primera comunión o aprender el Credo o cualquier Padre Nuestro.Y así hasta la preparatoria en que toque leer La noche de Tlatelolco. Y así hasta conocer a algún apóstol perdido... e intentar convertirse a esa doctrina elemental y oficialista.


Entonces, después de ver a los hombres grises leer a García Marquéz, me hice una pregunta: ¿Qué objeto, Diego? ¿Cuál es el objeto? Ese mismo que te gustaría ser o habitar o simplemente nombrar. Hay algunos que son varios como el pequeño gotero para piedra o el ínfimo destapador de cerveza.  

jueves, 24 de julio de 2014

Armada hasta los dientes…

Por Diego Bang Bang

Una dialéctica Frankenstein-Zombierella, le decía. Para mí el amor es una dialéctica entre monstruos. Donde, a veces, los jirones del pasado tremebundo de Frankenstein se enfrentan a las tragedias oníricas de Zombierella. Los lobos de las pulsiones atacan a ambos: los monstruos buscan siempre la sangre derramada. Y todos sabemos, porque lo sabemos pero queremos ignorarlo, que los lobos siempre están al acecho; máxime cuando de amor se trata.

Nunca olvidar la página 66 (para variar) de “La parte inventada”, me decía. Aquella página que había leído para corroborarme que nosotros los monstruos estamos destinados para fallar en el amor. Esa página que me hacía dudar, en los momentos cumbre de nuestro amorío, de mí más que de ti y de todos antes que del amor en sí. Una página perdida entre los miles de momentos que compartimos. Y, sin embargo, una página lapidaria. Nuestro 2666, aunque 2666 de Bolaño tenga páginas muchísimo más trágicas.

Por eso me gusta el cuento de Las armas secretas, le decía. Porque conforme nos vamos conociendo las barricadas se van desmantelando. Los pertrechos bélicos comienzan a malfuncionar para dar paso a la confianza firmada en tratados de paz. Se instala, entonces, el armisticio. Hay que caminar y caminar para reconocer las zonas devastadas. Reconstruirnos. Todo con mucho cuidado porque las armas también siempre están al acecho como los lobos… justo así como los lobos.

El amor es un imperio como el diablo, me decía. Cuando se instala lo carcome todo, incluso los besos fiduciarios que se convierten en moneda de cambio. Fue entonces cuando comencé a leer todo tipo de textos acerca del imperio romano. Los griegos más que un imperio civilizatorio, me parecían un imperio cultural. Más flexible y menos tosco. El amor, me decía, me parece más un imperio civilizatorio. Burdo, tosco… rayano en lo vulgar.

No obstante que nos pensaba instalados en el armisticio, algo raro me presentía. O, quizá, algo raro nos presentía. Por entonces, comencé a pensar que sin mentira no hay imperio. La mayor mentira, le decía cuando tuve oportunidad, es pensarse imperio. De alguna manera, armisticio e imperio son palabras afines: nos convertimos imperio para trasladar la guerra a otros sitios. Las pequeñas guerras periféricas con la familia, los amigos y el trabajo ya no importaban. Lo único importante era el armisticio amoroso. Mentira de mentiras… sin duda.

Un día nos cercaron los bárbaros y nos derrocaron inevitablemente, me decía. Nuestra única falta: haber creído que éramos imperio y que no existían las mentiras. Entonces el imperio hizo agua. Escuchamos los primeros fuegos transgredir nuestras fronteras. El llamado de los bárbaros nos parecía lo más lúcido para entonces. Pero había que resistir, porque alguna verdad tenía que haber existido.

Nunca dejamos de ser monstruos, le decía. El imperio civilizatorio es siempre una falacia: disfrutable pero no perdurable. Los lobos de las pulsiones regresaban al acecho, las armas secretas se instalaban en sus pertrechos. Otra vez Frankenstein perdido en sus jirones de pasado tremebundo; Zombierella, otra vez, atrapada en sus tragedias oníricas y, claro, armada como Roma –nuestro imperio civilizatorio- hasta los dientes… pero de otra forma. 

Lado B



III

Por RadiAn Luna

Incendios..
El tiempo transcurre a lo largo de la caricia solar. Las nubes cargan la mirada consintiendo lapsos permisibles para entrever el celeste interminable, se encienden en tonos cálidos igual a los que usabas para envolverte en verano, llamaradas de un cuadro impresionista en el pabellón más apartado del museo de la ausencia, pasillos que, valga la contradicción, recorrimos juntos. Blancas y poliformes, pasan y pasan sobre mi cabeza dirigidas por el fantasma del viento, otro roce efímero, irreversible. Permanezco de espalda al centro del planeta, cierro los ojos y ahí está, lamiéndome los dedos de los pies, un animal ancestral que trata de despertarme…
            …la lectura me dejó inmerso en la historia de aquel detective chileno, voy por la mitad del enigma, todo es muy nublado. Un libro más que olvidaste, o que le robé a tu hermano, tal vez, no recuerdo bien como llegó a mis manos. Lo dejé sobre la mesa que está cerca de la ventana mientras me preparaba un mate, costumbre que adquirí por Estela y sus interminables visitas turísticas a mi vida; las páginas comenzaron a agitarse rápidamente por el viento que entró y decidió leerlo de una vez por todas, mientras yo bebía tranquilamente, mientras trataba de percibir al lector invisible, el plan de viajar se reafirmó con aquel suceso. Ansias por recorrerlo todo de una vez, igual que el viento con las 222 páginas negras, de llegar hasta donde los rumores se acaban y sólo la voz interna queda, el silencio o el aullido, alguno te elije. Primero debes irte de la ciudad,  cada vez más descolorida, ¿no?, kilómetros de autopista te esperan, tú defines como tomarlos hermano. Los paisajes serán diversos y complicados, cerros superpoblados a la salida, luego llanuras y campos sin fin a los lados del camino, al frente el cielo plagado de tormentas y anocheceres, mejor ir bien despierto, de preferencia Howl o El fluir o puede ser Cure for pain para el ocaso. El clima cambia en las fronteras entre estados, cada vez más humedad, cada vez más cálido todo, perderás líquidos, pero ganarás resistencia y templanza. La carretera se irá mimetizando a senda poco transitada, a vereda apenas pronunciada, a línea sobre un plano; en el punto de fuga el azul interminable, eso parecerá al principio, cuando el mar  te incinere,         
            …y la visión lirica de un instante que se construye y se concretiza en las páginas centrales de un libro que se oculta, aferrado a una clasificación única y determinante, es tragada por las miles de millones de páginas de ese mar vertical de aquella biblioteca, libros hechos marea que se (des)integran saturando opalino hasta permitir claridad y espacio a una figura, pentagrama en el fondo, estrella de mar llevada por el vaivén hirsuto de las olas… minerales resbalan por mi lengua, mi brazo vuelve a la poesía, todos mis sentidos se abren al cerrarse el día, en este otro final de playa, en este momento siamés, ¿un presagio o una promesa?...  
            …si eso es lo que buscas amigo vas en la dirección correcta. Sabes que sólo sucede en el Pacífico, sabes que sólo sucede si estás solo, Solitude is bliss, Happiness is a warm gun vato, lo profundo que vayas y lo alto que vueles, ¿recuerdas? Abre la mano, ya te indiqué el camino, pero sólo tú podrás recorrerlo, micropuntos para eso. Toma, aquí tienes estos, tienen forma de estrella, no los quemes todos al mismo tiempo, dales su momento, recuerda que la lucidez llega, de igual forma la locura ronda y espera, como un B-side inseparable, y las revelaciones son alimento. Le llamé al Goteros para conseguir material para el viaje, consulté los horarios de salida en la estación de autobuses y me dio mala espina, mejor pediré prestado un auto. Tengo ganas de conducir hasta el fin del mundo. El viaje como una sensación latente e inesperada toma forma en la mochila que lleno con lo necesario, en la música que vivirá en las cavidades del carro, en el mate que me llevaré para despertar, en la novela negra que seguiré leyendo en aquellos lares, en dónde el enigma será revelado y tal vez recuerde si la robe o si la olvidaste en mi mesa junto a la ventana…
…azul como no hay otro, el mar en esta Punta me reclama como si supiera el significado de mi nombre, como si quisiera integrarme de nuevo a las mareas y a los abismos en dónde surgió todo. Recuerdo el mar, soñé estar aquí y no recuerdo despertar, todo viene en reversa, los recuerdos se retraen como en esas viejas cintas magnéticas que teníamos que regresar para que los tracks empezaran de nuevo; cúmulos y estratos avanzando hacia su origen, mis pies volviendo sobre las huellas secándose, reintegrando las líneas de erosión de playa, mi lengua devolviendo a mi mano una estrellita ámbar que guardo en una cápsula de huevito sorpresa, Recuerdo el mar, soñé estar aquí y no recuerdo despertar, el horizonte sale de mis ojos para estamparse frente a mí abarcando 180 grados de lienzo, cada sonido del enunciado que emití al ver aquel infinito regresa a mi boca como quien regresa a su casa después de cada día, é-u-g-e-l-l-í-s-a_r-a-m-l-a-o-g-e-l-l-í-s-A. Después de que la marea suba y el cielo se cierre totalmente en una cortina gris, como el humo de un porro que se consume y se transforma en volutas espirales, me iré de esta playa, antes de que me desvanezca en la arena y el éter, justo antes de que el huracán que lleva tu nombre, gestándose en lo liviano del océano, toque tierra firme.





jueves, 17 de julio de 2014

Entre el despertador y la cama

Por Diego Bang Bang

Betweeen the clock and the bed
Shapes move inside my head
We've all felt the implications

Between the clock and the bed de The Manic Street Preachers


Hay, al menos, un par de personajes que recuerdo tendidos sobre su cama y mirando inquisitivamente el techo de su aposento. Uno es el protagonista de La tumba y el otro es el protagonista de Eternal sunshine of the spotless mind. A ambos los recuerdo con una modorra y una estulticia instaladas en su ánimo. Con punzadas en los flancos de la cabeza o con una ansiedad resquemante y rebosante en el pecho. No sé si es por forzada sincronía o identificación baladí, pero ambos techos los recuerdo azules. Como el mío justo en este momento.

En ambos personajes más uno, el despertar es ese momento decisivo e iniciático en el que se dan golpes de cabeza. Es por eso que deciden apretujar los dedos de los pies, sólo para corroborar una realidad sensorial engañosa. El siguiente movimiento es facial, necesariamente. Mover los ojos un poco, de izquierda a derecha y de la derecha al lado oscuro interno. De regreso al abismo interno que unos segundos atrás fue pantalla o escenario del inconsciente. Apretujan los dedos de los pies nuevamente y los restriegan contra el algodón de las cobijas. Respiran hondo y sienten palpitar el mal aliento en la boca.

Ambos personajes más uno, mezclan en su conciencia los pendientes del día con los remanentes oníricos. Ahí está contestar el teléfono de la oficina junto a las risas socarronas de algún mejor amigo de la preparatoria. Ahí está el mandar miles de correos electrónicos yuxtapuesto a la muerte prematura de algún ídolo del rock & roll. Ahí está el realismo simplón (copia barata del melodrama) junto con yuxtapuesto a la tristeza que enmarcan y engendran y vivifican las mujeres.

Pero entonces, el mundo despierta también. Los ladridos chillones de algún perro vecino y de un vecino perro se cuelan por entre las grietas de la conciencia. El ropero del cuarto continúa ejerciendo su magnánimo papel de reloj de arena. Reloj de polilla, mejor dicho. Y así como a los personajes de Chéjov los carcome el tiempo, así mismo unos diminutos insectos carcomen los muebles de tu cuarto de techo azul. Pero entonces, el mundo despierta también. Los ruidos de los coches parecen ecos antediluvianos y el canto de los pájaros asemejan tosiduras provocadas por el alquitrán. Vaya desgracia la de las aves urbanas que sin fumar padezcan enfisema pulmonar.

Y mientras pasa un avión (¿un aluvión?) la maldita pero necesaria alarma del reloj suena. Ambos personajes más uno, decidieron poner como alarma el sonido de emergencia de un reactor nuclear. Todas las mañanas que lo escuchan sonríen porque les recuerda esa mala costumbre de relacionar todo con el Apocalipsis. Y ya no saben si nacieron así o se fueron haciendo así o el mundo es así. Y entonces hay que levantarse. Mover el agua neuronal para que saque chispas. Recordar que hay que ir al médico porque unas inesperadas bolitas están saliendo en el esternón. Recordar que ninguna mujer estará con ellos, porque no tienen manera de hacerlo. No tienen un negocio familiar, no son tolerantes con las genealogías, no tienen una promisoria carrera académica. Es más, ni siquiera un digno oficio de oficinista.

¿Cuál será la canción favorita para despertar del primero? ¿Y del segundo? ¿Se le llamará tercera persona narrativa porque siempre hay dos personajes que te anteceden antes de convertirte en personaje? Así pues, hay que mirarse en el espejo. Volver a sentir el palpitar del mal aliento en la boca. Saber que el techo azul sigue ahí, aunque salgas a trabajar o a una fiesta. Que ese techo azul es como esas nubes malhadadas que siguen todo el tiempo a las caricaturas cuando se encuentran en crisis. Que ese techo azul se lleva en la mochila todo el tiempo. En fin, algo así pasa entre el despertador y la cama. Pero sobre todo, Ella sigue ahí. Con su sonrisa. Pero de eso mejor no escribir, porque entonces el tercero no tendría tiempo de disfrutar el décimo track del Futurology de The Manic Street Preachers.

domingo, 22 de junio de 2014

D. (el) F. (os) V (Theatertape)

Por Diego Bang Bang

Theatertape
De lunes a domingo las 24 horas del día.

Aquí estoy de nuevo frente a la cascada interna de imágenes: sueños, recuerdos y quimeras. Comencemos, pues, de atrás hacia delante.

Quimeras

He comenzado a pensar en la memoria como en un teatro. Ahí están los espectadores (amigos, conocidos y desconocidos) a la espera de alguna historia. En lo más profundo, nosotros (los encargados del teatro) sabemos que ellos esperan historias tristes. Aunque ellos no lo sepan o tal vez sí, Shakespeare sabrá. Quieren, en todo caso, que les hablemos de la muerte, de la soledad y de las miserias del corazón.

Ahí están sentados, perenemente. Espectadores expectantes. A la espera de un primer movimiento: a lo mejor un pequeño punto rojo en medio de la oscuridad. Un punto que comience a dibujar galaxias lejanas o microsistemas unicelulares. O, como en este caso, un punto rojo a manera de herida. Una herida que antes de dibujarse en el escenario debió tener vida orgánica saludable. Una vida alimentada por quimeras. 

Las quimeras son entes por antonomasia de ciencia ficción. Son entes que existen en el futuro. No hay quimeras sin futuro, aunque claro que hay futuro sin quimeras. Son diapositivas animadas proyectadas en el telón blanco de la memoria. Así comienza, después de este innecesario proemio, esta pieza teatral.

Diapositiva escénica # 1

Febrero de 2015. Recién pasado tu cumpleaños, decido declararte que estoy profundamente enamorado de ti. Ha sido un largo proceso, al menos dos años medio, pero por fin estamos en ese punto de ignición. También es el momento preciso para declararte mi estrategia primigenia: acercarme a ti poco a poco, sigilosamente. Tu edad y tu recién desencanto por la relaciones de pareja así me lo indican. Aunque era más joven, te digo, traté de ponerme en el momento de tu vida, en el zeitgeist particular y subjetivo de tu existencia. No me gustaste desde el principio, fue algo que sucedió in crescendo. Terminaste por volverte la punta del iceberg, es grato decirlo. No había conocido mujer como tú, aunque suene a la balada barata.

En esta última frase se oscurece la proyección. Se escucha, entonces, el respirar y el acomodo de los asistentes en las butacas. Se escucha un carrete corriendo. Entonces comienza la segunda diapositiva.

Diapositiva escénica # 2

Marzo de 2014. Una voz se escucha en todos los rincones del foro. “La siguiente dramatización es una mezcla entre recuerdo y quimera”. Salgo entonces desnudo. En una actuación grado cero. Las bolitas cancerígenas de mi pecho están rodeadas con círculos rojos. En la densa oscuridad del otro lado de la cuarta pared vislumbro los ojos amarillos de los eternos espectadores. Después de un par de movimientos trémulos en las manos comienzo:

- Admito que fui pusilánime. Después de darle muchas vueltas al asunto, me di cuenta que había dado muchos pretextos baratos para no besarla. Era el momento perfecto. Sin embargo, no lo hice. Confié en el devenir del tiempo y en la inevitabilidad de nuestra aventura amorosa. Seguí la táctica de la desaparición amorosa: las ausencias son infalibles para conquistar a una mujer. Me equivoqué. Aquel día antes de ir al concierto, debí haberla besado. Y haberle dicho cuánto me gustaba. No por regodeo subjetivo, sino en honor de la belleza. Lo más curioso es que he llegado al extremo de imaginar la mejor manera en que pude haberlo hecho. Con frases del tipo: “voy a apostar a tu imperfección, porque si llegaras a hacerme caso eso sería la prueba más fehaciente de ella”. O citar la frase más directa y concisa de “El encanto del erizo”. Aquella en la que los personajes saben que pueden ser lo que quieran: amigos o amantes. Aunque le hubiera dicho que me inclinaba por la segunda opción. Por eso les digo que esto es recuerdo y también quimera. Después de estas frases, siempre en mi mente, terminábamos abrazados en un beso y con las miradas fundidas en un solo azar. No fue así y ahora me arrepiento.

Oscuridad nuevamente. Comienza “Videotape” de Radiohead. 4 minutos 39 segundos no son nada en este foro. Este teatro es eterno. Aquí nadie lleva prisa y todos tienen tiempo para asomarse a la ventana del mundo. De par en par, los ojos de los espectadores expectantes se van cerrando para sumergirse en las notas del piano y la voz de Yorke. El nombre de la obra hace sentido en ese preciso instante. “Theatertape”. La devastación interior de un hombre común. Pusilánime y acostumbrado a las desgracias. Alguien que piensa que las palabras vida y sufrimiento son vicarias. Estos espectadores en eso son los mejores. Son amantes de historias trágicas. Por eso vienen a este teatro y no otro.

Diapositiva escénica # 3

Junio de 1998. Tengo 11 años y tu 15. Como cada tarde nos reunimos en la casa abandonada de la colonia. No obstante la frente sudorosa debido al fútbol, no te causo asco. Llegas a tiempo con un libro infantil maravilloso. Es un libro ilustrado de mitología griega. Todas las tardes me lees un capítulo. Recuerdo fotográficamente el día en que me leíste el mito de Orfeo. A decir verdad, no entendía bien por qué el personaje no podía voltear a ver a su amada. En aquel tiempo me fascinaba más la idea de descender al infierno. Con todos esos monstruos y llamas.


Estas palabras se acompañan de un acto de teatro de sombras. Las sombras nos cuentan ese amor inefable entre Orfeo y Eurídice. Un amor como ninguno y como todos: devastador. Entonces, el Diablo rapta a la amada de Orfeo. Es un teatro infantil hermoso. La ingenuidad del enamorado es la que resalta en este acto. Su torpeza para bajar al inframundo y su vileza al tener esperanza. Mientras deambula por los páramos siniestros del infierno, Orfeo sigue creyendo en la promesa diabólica que le da esperanza. Cree que algún día podrá vivir en armonía. Finalmente, voltea. La verdad toma forma frente a sus ojos: Eurídice nunca será suya. Están destinados a vivir en el exilio mutuo. Mientras de fondo reverbera un sonido de cataclismo; Orfeo comienza a quemarse en mitad del escenario. Se vuelve cenizas. Aún así, la parte más irreal y fantástica ha quedado para la posteridad. Por eso seguimos teniendo esperanza, por eso seguimos viviendo en el infierno amoroso.  

viernes, 20 de junio de 2014

D. (el) F. (os) IV

Por Diego Bang Bang

“Teatro psicotrónico: el único y verdadero”, así se anunciaba un inmueble ubicado en la calle Puebla en la colonia Roma. El lugar había pertenecido a Bef, un dibujante y escritor epígono de la ciencia ficción mexicana.

Este lugar fue el resultado de la mezcla entre un profundo amor por el teatro y una fascinación extrema por la ciencia ficción. La idea primaria fue de Francisco Tario y el Dr. Alderete a mediados de los años ochenta. El primero, amante furtivo de los pisos de madera (tablones); el segundo,  apasionado del kitsch, la serie B y la ciencia ficción metafísica. Sin embargo, por motivos contextuales, coyunturales e incluso extrasensoriales no pudo concretarse en aquel año de 1984.

Las principales razones fueron: la prematura muerte de Tario (muerte por amor) y la consecuente retirada de Alderete. Este último se dedicó a ilustrar la escena surf-garaje mexicana a través de carteles, productos audiovisuales y demás parafernalia artística de alta calidad. A la postre, formaría parte de la agrupación Gallo Negro.

Durante la primera década del S. XXI, Bef dio con la idea anidada en lo más profundo de la historia del teatro mexicano. Bef conoció a un joven director de teatro de nombre Alberto Villarreal. Él le contó el mejor secreto guardado del teatro mexicano. A Bef le fascinó la idea como todo lo que tuviera que ver con la ciencia ficción.

Pasó un tiempo más, los quarks se desplazaron en el eje temporal, y Bef se hizo un escritor y dibujante reconocido. Se codeaba con Juan Villoro en ferias del libro nacionales e internacionales. Se había convertido en el heredero, según la crítica, del coto literario de la égida Taibo.

Este reconocimiento le valió un mejor estatus económico y con ello el impulso de varias ideas y proyectos pendientes. Entre ellos, la realización de Dune a la mexicana con los storyboards originales de Jodorowsky. También, entre estos proyectos, se encontraba el teatro psicotrónico con el que habían soñado Tario y Alderete.

Junto con Villarreal y un joven dramaturgo de apellido Alcocer, se juntaron las energías suficientes para echar adelante la empresa teatral. Compraron un predio a medio derruir, en la cual Villarreal vivió la mejor etapa de su teatro, y juntaron el equipo técnico necesario para poder tener temporadas completas.

El día de la inauguración, en el natalicio de William Gibson, montaron una obra de Tario. La idea era hacer del teatro un lado B de la ciencia ficción cinematográfica. Una de sus premisas era que el cine había hecho mucho daño a la ciencia ficción. La había convertido, según sus postulados estéticos, en un producto desechable y en un espectáculo digerible de salas 4D.

En aquella primera función se hizo un montaje muy básico en el que se proyectó material audiovisual diverso del Dr. Alderete. "El caballo asesinado" fue el título de esa primera escenificación. Una adaptación de lo que se considera la primera dramaturgia de ciencia ficción en México. El montaje se basaba en la fuerza motriz de la actuación y en el poder de la repetición dadaísta. Según contaron los privilegiados asistentes, el montaje era un eterno ensueño que te hacía perder los cabales más mínimos de la temporalidad. 

(El texto hace mutis)


viernes, 30 de mayo de 2014

Do the Blues

Por Diego Bang Bang

11) Slide: la melodía se mueve en tus hermosas pestañas, mi little blues. La melodía se ladea con cadencia en tus caderas y desaparece justo en el calor de tu entrepierna. La melodía se panea en el brillo aperlado de tus ojos. La melodía zigzaguea en la juntura de tus senos. La melodía busca algún rincón para anidarse en tu ronco pecho. Brilla, también, en tus dientes recién descubiertos. Respira en cada uno de tus poros. Es la eléctrica melodía del blues: aquella que nos hace buscarnos por las manos y desaparecer en la fugacidad de muchos besos. 

12) Rasgueo: un día amanecí con el ritmo de tu canción. La noche anterior, la noche interminable, había soñado que mis dedos oprimían las cuerdas de la maldición. La síncopa resultante era el ritmo de nuestra canción. El ritmo era embelesador y tenía un sabor muy particular: una especie de traición. Cada vez que la tocaba sentía un abismo muy particular. Maldición delectable que reptaba por las huellas dactilares hasta la médula espinal. Y otra vez: mi, re, do… ¡Maldición con sabor a traición! Justo como se habrían sentido los primeros blancos al apropiarse de la maldición blues de los negros algodoneros. Y te decía que amanecí con esa maldición heredada de un sueño. Y te decía que entonces salí a buscarte porque más valía estar maldito y traicionar que no estar contigo. Y te decía que varios años más tarde te habría de encontrar para vivir contigo el ritmo de nuestra canción, para vivir contigo nuestro abismo muy particular.

13) Nota: ¿te imaginas cómo fue el primer sonido del universo? Un do tocado por la plumilla de dios y convertida en muletilla por sus ejércitos musicales. La doctrina dogmática de la creación. Pero un día las cosas salieron mal, porque toda aquella luz convertida en sonido se volvió oscuridad. Un ángel rebelde que espetó el re de vuelta. La contrahistoria, la otra visión, la nota en oposición… Después nosotros, mi little blues. La tercera nota.

14) Robert Johnson, Son House, John Lee Hooker, Muddy Waters, Willie Dixon, John Mayall, Eric Clapton, The Rolling Stones, Sony Boy Williamson II, B.B. King, Howlin´ Wolf, T-Bone Walker, Jimmy Page, Alvin Lee, Ry Cooder, Dan Auerbach, Jack White III, Benjamin Booker... Since i found you, mi little blues.

15) Estoy aquí, dije, con los perros blueseros y aquí me voy a quedar.