> Arcanum VI

martes, 3 de noviembre de 2026

17 - 04 -2019

Un agridulce descanso nos espera... alejados un poco pero deseándonos intensamente. Cada día el fuego crece y parece que esta espera es un rasgo masoquista. 

miércoles, 7 de junio de 2023

Petricor o la lluvia en primavera

Por Diego Bang  

Tláloc 

Sucede 

Que aquí 

Nada sucede

Sino la lluvia

             lluvia

             lluvia

             lluvia

Efraín Huerta, 1974

Una palabra tuya, encontrada en el caos digital, basta para echar a andar un resorte interno mío que después se refleja en los alrededores del valle que era Tenochtitlán: la eterna reverberacion de la lluvia. 

Una palabra tuya resume las dos últimas semanas: agua que cae para llevarse las alimañas del pasado, las arpías malvadas de los últimos años, las banalidades, mentiras y perfidias.

Una palabra tuya que existe sólo en nuestro diccionario de términos rulfianos. Artefacto único-nuestro-único lingüístico que busca las raíces de México. Nuestras raíces. 

Hace un tiempo llovió como en ningún otro año en nuestras vidas. Una lluvia plomiza que entumeció nuestras almas. 

No obstante, hoy hemos comprendido que la lluvia no sólo entumece el alma; también se lleva lo superfluo. Limpia los cielos de ídolos falsos, limpia los montes de torpes pregones, revuelve la tierra para acicatear los nutrientes y apuntalar hacia mejores cultivos, a mejores vientos. 

La lluvia ha mandado de manera anticipada (atl en xôpan) uno de sus tlaloques para darnos un mensaje etéreo: busquen la poesía del amor toda la vida.

martes, 11 de abril de 2023

Ciudad Limbo: Nostalgia de sonidero II

Por Diego Bang Bang

En mi dormitorio, de tiliches maternos arrumbados, me recuesto en mi antigua cama a llorar. El motivo eres tú nuevamente. A lo lejos los perros (lomitos mestizos, cobrizos, casi ratas o cucarachas) ladran y el eco de su voz se junta con las estrellas casi contaminadas o con las luces de los sonideros de alguna fiesta de XV años o una boda que terminará en feminicidio o en abortos de niñ@s en vida. 

Un sillón viejo, de los que se llevan los pregoneros del fierro viejo, es una sala de estar callejera a mitad de calle. Justo a la misma distancia donde las reglas de tránsito marcan un tope, una disminución de velocidad para que los complejos machistas de un conductor de carro tuneado no aceleren y puedan atropellar a algún niño que, en otro tiempo fui yo y también Radian o "El Chino" Vilchis o Miguel "El Bonito", juega con un balón sabiendo que sólo Messi o Ronaldo salvan por un rato del aborto que uno representa para Ciudad Limbo. 

El perro viejo que antes me correteaba por las noches ahora ya no tiene una pata. Igual que "El Tarolas", a quien recuerdo con un paliacate y un pantalón abombado tipo cholo, quien ya no tiene un ojo. O bueno, sí lo tiene pero ya no le sirve. 

Alguien hace yoga en algún huequito de la avenida Vicente Villada en Ciudad Limbo. Alguien hace una obra de arte en una calle clandestina de la colonia El Sol. Un repartidor de Didi se enamora de una cajera del Aurrera ubicada en la avenida Chilmahuacan. Sociedad Café escribe un himno sobre el tiempo de las pandillas en Ciudad Limbo. Un bebé nace en la Clínica 25, que ya es jurisdicción de Ciudad Monstruo. Alguien lee a Alan Moore en la calle Los Laureles, casi una imagen de la pitonisa de Delfos. 

A veces siento que Ciudad Limbo es un río que lleva infinitas tragedias y algunos guiños de paz.

viernes, 3 de marzo de 2023

Mentira verdadera

¿Qué es para usted la literatura?

Una mentira. La literatura es una mentira que dice la verdad. Hay que ser mentiroso para hacer literatura, esa ha sido siempre mi teoría. Ahora que hay una diferencia importante entre mentira y falsedad. Cuando se falsean los hechos se nota inmediatamente lo artificioso de la situación. Pero cuando se está recreando una realidad en base a mentiras, cuando se reinventa un pueblo es muy distinto. Aquellos que no saben de literatura creen que un libro refleja una historia real, que tiene que narrar hechos que ocurrieron con personajes que existieron. Y se equivocan: un libro es una realidad en sí aunque mienta respecto a la otra realidad.

 

Juan Rulfo, Una mentira que dice la verdad, página 7, 2022.



lunes, 17 de enero de 2022

El año más lluvioso de nuestras vidas II

 "No hay nada, en el terreno de los mitos, tan universal como el diluvio. Es por eso que se avienen tan bien las versiones bíblicas importadas por los primeros evangelistas con los relatos que se contaban en todas las lenguas de nuestro continente sobre una gran inundación.

El diluvio marca el quiebre definitivo entre los seres divinos y las criaturas mundanas; también es el momento en que la manera de ser de cada cual se fija; los hombres dejan de entender el lenguaje de los animales y éstos pierden la potestad del habla humana. De aquí arrancan las diferencias e inequidades, los privilegios y las injusticias entre los seres humanos. El entorno queda también fijo."

Ramírez Castañeda, Elisa. "Mitos y cuentos indígenas de México. I. Mitos, reyes y dueños", pág. 149. 


martes, 19 de octubre de 2021

El año más lluvioso de nuestras vidas

Por Diego Bang Bang 

Lo único cierto es que ese año llovió como nunca en nuestras vidas. Todo lo demás pudo haber sido un espejismo o un autoengaño provocado por la ansiedad laboral o por la ausencia de vida espiritual de los dos. 

Pasó que para llegar al año más lluvioso de nuestras vidas, pasamos por una niebla en Tijuana, pasamos por una maldita pandemia, pasamos por un reacomodo en el régimen de las vidas colectivas y eso, por supuesto, significó un reacomodo en el régimen de nuestras vidas personales e íntimas. 

Antes del año con más lluvia de nuestras vidas, vimos el bloque hegemónico colapsar y moverse dos centímetros. Los dos centímetros necesarios para sabernos cerca: nunca te vayas más de dos centímetros, Clara, en la escala internacional de la medida convencional llamada Amor. 

Ha llovido tanto, Clara, que no sabes cuántas veces se me ha escurrido el alma. Se me va en las láminas que tamborilean, se me va en las coladeras imperfectas. El alma, esa puta palabra que no me deja dormir cuando hay tanta agua: como si tocara a mi ventana y pronunciara tu nombre náhuatl.

Este año que ha llovido tanto, voy a las librerías y todos los libros tratan de agua o de agua derramada o de agua en caída o de tu baba en forma de agua en mi alma. Los libros se derriten porque son agua, porque tú eres agua. 

Ha llovido tanto, como nunca, este año. Y no podía ser para menos. Ya no habito el agua que cae, ya no estoy en ese... tu ciclo.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Ellos y nosotros


Por Diego Bang Bang 

Ellos, los de los telescopios, dicen, cuentan y aseguran que algún día podremos tener una teoría explicativa total del universo.

Nosotros, los de los libros pequeños, tratamos de vernos y entendernos en las peleas diarias del transporte público y en las charlas intrascendentes de los que nos rodean.

Ellos, los de la Energía, dicen, cuentan y aseguran que el sol se convertirá en una estrella enana concentrada.

Nosotros, los de los fugas de agua y gas, tratamos de vernos y explicarnos en el desabasto de comida, en las pocas oportunidades de la vida.

Ellos, los de las matemáticas, dicen, cuentan y aseguran que una luna de Saturno es parecida a la tierra.

Nosotros, los de las telenovelas, sabemos que un barrio pobre de la India es igual de feroz que un barrio pobre de Honduras.

Ellos, los de la imaginación exacta, dicen, cuentan y aseguran que nada en el universo puede viajar más rápido que la luz.

Nosotros, los de la imaginación perversa, sabemos que nada puede viajar más rápido que las noticias trágicas y la marea violenta.

Ellos, los de derecho propio para censurar la palabra Dios, dicen, cuentan y aseguran que los hoyos negros cargados de gravedad devoran todo lo que les rodea.

Nosotros, los del silencio del Dios, sabemos que la ambición lo devora todo. El dinero lo devora todo.

Ellos, los de los secretos guardados en bóvedas, dicen, cuentan y aseguran que la Tierra se defiende del Sol.

Nosotros, los de las penurias familiares, sabemos que hay que defenderse del otro, del prójimo, del vecino y, a veces, hasta del hermano.

Ellos, los reivindicadores del positivismo, cuentan la vida de los grandes, de los suyos, de quienes pudieron cambiar el decurso de la historia con la razón.

Nosotros, los sin ciencia, sabemos de la imposibilidad para cambiar un ápice de la historia.  De nuestra historia. El día de nuestra suerte no ha llegado y no llegará…

Tú y yo, los de la laguna matutina, imaginamos a los que dicen, cuentan y aseguran. Palpamos a los que tratan, saben y no pueden. Tú y yo, perdidos y encontrados en esta laguna.