Un agridulce descanso nos espera... alejados un poco pero deseándonos intensamente. Cada día el fuego crece y parece que esta espera es un rasgo masoquista.
Arcanum VI
martes, 3 de noviembre de 2026
miércoles, 7 de junio de 2023
Petricor o la lluvia en primavera
Por Diego Bang
Tláloc
Sucede
Que aquí
Nada sucede
Sino la lluvia
lluvia
lluvia
lluvia
Efraín Huerta, 1974
Una palabra tuya, encontrada en el caos digital, basta para echar a andar un resorte interno mío que después se refleja en los alrededores del valle que era Tenochtitlán: la eterna reverberacion de la lluvia.
Una palabra tuya resume las dos últimas semanas: agua que cae para llevarse las alimañas del pasado, las arpías malvadas de los últimos años, las banalidades, mentiras y perfidias.
Una palabra tuya que existe sólo en nuestro diccionario de términos rulfianos. Artefacto único-nuestro-único lingüístico que busca las raíces de México. Nuestras raíces.
Hace un tiempo llovió como en ningún otro año en nuestras vidas. Una lluvia plomiza que entumeció nuestras almas.
No obstante, hoy hemos comprendido que la lluvia no sólo entumece el alma; también se lleva lo superfluo. Limpia los cielos de ídolos falsos, limpia los montes de torpes pregones, revuelve la tierra para acicatear los nutrientes y apuntalar hacia mejores cultivos, a mejores vientos.
La lluvia ha mandado de manera anticipada (atl en xôpan) uno de sus tlaloques para darnos un mensaje etéreo: busquen la poesía del amor toda la vida.
martes, 11 de abril de 2023
Ciudad Limbo: Nostalgia de sonidero II
Por Diego Bang Bang
En mi dormitorio, de tiliches maternos arrumbados, me recuesto en mi antigua cama a llorar. El motivo eres tú nuevamente. A lo lejos los perros (lomitos mestizos, cobrizos, casi ratas o cucarachas) ladran y el eco de su voz se junta con las estrellas casi contaminadas o con las luces de los sonideros de alguna fiesta de XV años o una boda que terminará en feminicidio o en abortos de niñ@s en vida.
Un sillón viejo, de los que se llevan los pregoneros del fierro viejo, es una sala de estar callejera a mitad de calle. Justo a la misma distancia donde las reglas de tránsito marcan un tope, una disminución de velocidad para que los complejos machistas de un conductor de carro tuneado no aceleren y puedan atropellar a algún niño que, en otro tiempo fui yo y también Radian o "El Chino" Vilchis o Miguel "El Bonito", juega con un balón sabiendo que sólo Messi o Ronaldo salvan por un rato del aborto que uno representa para Ciudad Limbo.
El perro viejo que antes me correteaba por las noches ahora ya no tiene una pata. Igual que "El Tarolas", a quien recuerdo con un paliacate y un pantalón abombado tipo cholo, quien ya no tiene un ojo. O bueno, sí lo tiene pero ya no le sirve.
Alguien hace yoga en algún huequito de la avenida Vicente Villada en Ciudad Limbo. Alguien hace una obra de arte en una calle clandestina de la colonia El Sol. Un repartidor de Didi se enamora de una cajera del Aurrera ubicada en la avenida Chilmahuacan. Sociedad Café escribe un himno sobre el tiempo de las pandillas en Ciudad Limbo. Un bebé nace en la Clínica 25, que ya es jurisdicción de Ciudad Monstruo. Alguien lee a Alan Moore en la calle Los Laureles, casi una imagen de la pitonisa de Delfos.
A veces siento que Ciudad Limbo es un río que lleva infinitas tragedias y algunos guiños de paz.
viernes, 3 de marzo de 2023
Mentira verdadera
lunes, 17 de enero de 2022
El año más lluvioso de nuestras vidas II
"No hay nada, en el terreno de los mitos, tan universal como el diluvio. Es por eso que se avienen tan bien las versiones bíblicas importadas por los primeros evangelistas con los relatos que se contaban en todas las lenguas de nuestro continente sobre una gran inundación.
El diluvio marca el quiebre definitivo entre los seres divinos y las criaturas mundanas; también es el momento en que la manera de ser de cada cual se fija; los hombres dejan de entender el lenguaje de los animales y éstos pierden la potestad del habla humana. De aquí arrancan las diferencias e inequidades, los privilegios y las injusticias entre los seres humanos. El entorno queda también fijo."
Ramírez Castañeda, Elisa. "Mitos y cuentos indígenas de México. I. Mitos, reyes y dueños", pág. 149.
martes, 19 de octubre de 2021
El año más lluvioso de nuestras vidas
Por Diego Bang Bang
Lo único cierto es que ese año llovió como nunca en nuestras vidas. Todo lo demás pudo haber sido un espejismo o un autoengaño provocado por la ansiedad laboral o por la ausencia de vida espiritual de los dos.
Pasó que para llegar al año más lluvioso de nuestras vidas, pasamos por una niebla en Tijuana, pasamos por una maldita pandemia, pasamos por un reacomodo en el régimen de las vidas colectivas y eso, por supuesto, significó un reacomodo en el régimen de nuestras vidas personales e íntimas.
Antes del año con más lluvia de nuestras vidas, vimos el bloque hegemónico colapsar y moverse dos centímetros. Los dos centímetros necesarios para sabernos cerca: nunca te vayas más de dos centímetros, Clara, en la escala internacional de la medida convencional llamada Amor.
Ha llovido tanto, Clara, que no sabes cuántas veces se me ha escurrido el alma. Se me va en las láminas que tamborilean, se me va en las coladeras imperfectas. El alma, esa puta palabra que no me deja dormir cuando hay tanta agua: como si tocara a mi ventana y pronunciara tu nombre náhuatl.
Este año que ha llovido tanto, voy a las librerías y todos los libros tratan de agua o de agua derramada o de agua en caída o de tu baba en forma de agua en mi alma. Los libros se derriten porque son agua, porque tú eres agua.
Ha llovido tanto, como nunca, este año. Y no podía ser para menos. Ya no habito el agua que cae, ya no estoy en ese... tu ciclo.
