lunes, 14 de febrero de 2011
Aforismos Absurdos sobre el Amor
sábado, 5 de febrero de 2011
Filmoterías
This is Not a Movie: This is a Zapping
Por Diego Bang Bang
El fenómeno del zapping es uno de los fenómenos más extendidos en nuestra era: la era de la información[1]. Se caracteriza, a saber, por la capacidad del consumidor de medios para cambiar con una innegable facilidad de los canales de información sin importar el medio en el que se encuentre inmerso. Es, además, un fenómeno relacionado con la dinámica para transmitir contenidos: debido a la ganancia que la industria de la publicidad genera, ésta ha logrado posicionar su paradigma como el más idóneo (incluso como el canon) para transmitir mensajes. Este paradigma se ha impuesto en todos los medios electrónicos y, a la postre, ha domeñado las expresiones propias de esos medios. This is Not a Movie es un claro ejemplo.
Desde la cuestión técnica (forma) hasta la cuestión de contenido (fondo) prevalece una estructura guiada por el quehacer publicitario: en lo técnico se puede ver representado en los distintos comerciales o promocionales para las películas del personaje de Peter Coyote.[2] Recurso en nada criticable si se deja de lado una posición ideologizante acerca del sistema, pero no viceversa. Olallo Rubio comete el error, quizá intencionadamente, de construir un discurso, a través de su personaje Pete, crítico, escéptico y, finalmente, ideologizante[3] respecto al sistema. Y termina por desembocar en una contradicción entre la forma y el fondo: un choque entre los promocionales de las películas “The Man” y el discurso crítico hacia el sistema y su inquebrantable autopoiesis.
Lo elogiable en William S. Burroughs y su método vanguardista para hacer literatura—cut & paste—en Olallo Rubio se convierte en un zapping de contenido. En un vicio más que una virtud: el cut & paste del padre de los Beatniks era una manera de minar la literatura totalmente ordenada de las grandes novelas. Era, en su muy particular forma de ser, una técnica vanguardista perteneciente a su tiempo. En Olallo Rubio desemboca en un factor de distracción y sensación de confusión acerca de la profundidad de la obra en cuestión. En lugar de convertirse en una profunda reflexión acerca del declive de la civilización occidental[4] termina por convertirse en un discurso autocomplaciente por las inquietudes del antes locutor de Radioactivo. Un zapping intelectualoide, un zapping artisticoide.
Pero aún hay más, a manera de colofón, de este zapping televisivo con fotografía fílmica: los referentes. La película, quizá por su cinismo artístico indisciplinado, no cuida sus referentes: ahí están todos. Desde Hunter S. Thompson[5] hasta David Fincher y Pantera. Por momentos parece que Rubio tenía una pretensión muy grande: hablar de todo lo que le ha inquietado en la vida. Lo que no le dijeron es que obras de esa envergadura se logran sólo con disciplina y dedicación, así como referentes menos digeridos. Terry Gilliam lo sabe, ¿o no?
[1] Para un enfoque marxista de fondo de la causalidad del fenómeno revisar la obra de Manuel Castells.
[2] Los cuales pretenden ser homenajes y/o sátiras de películas clásicas del cine norteamericano.
[3] No ideológico porque en ningún momento rastrea alguna ideología como por ejemplo: Marxismo, Leninismo o incluso Gramscismo.
[4] Pocos para tratar el tema como Palahniuk en el Club de la Pelea.
[5] Quien por cierto trató muchísimo mejor la locura en un hotel de las vegas.
jueves, 27 de enero de 2011
Introducción a la Podredumbre III (El Brandy)
Por Diego Bang Bang
Da vuelta en una esquina (cualquiera), busca algo en sus bolsillos y entra en la cantina más cercana. Busca, a la manera de los viejos tiempos, una mujer digna de ser deseada: una mujer cuya efigie esté labrada por la máscara masculina de Dios. Por supuesto, él no cree en Dios porque en su personalidad no existe la templanza para encontrar ese concepto, esa noción, esa vivencia. Por mucho tiempo formuló preguntas sin encontrar respuestas: ahora la vida se presenta en experientia. Todo su derredor son causas y efectos inmediatos, preguntas banales y sentimientos fugaces, caricias engañosas y promesas resquebrajadas...
En el tercer párrafo encuentra una bebida: la mira desde todas las perspectivas posibles. Una salida del caos sentimental, una entrada al averno animal, la caída de la formas civilizadas, Freud embotellado, el elixir Bukowskiano, el perenne aliento de un perdedor, la alcantarilla perfumada. Por fin bebe aquel líquido, levanta la mirada y la clava en el hombre a su lado: parece un perdedor igual que él. Ese otro hombre no toma whiskey ni tampoco vodka. Prefiere lo sencillo, prefiere un poco de brandy con coca. Su mirada (la de ese otro hombre) describe una línea recta al suelo: parece estar buscando un guijarro con el cual poder desprenderse de sus penas. Su barba escuálida soporta una gota de sudor, su cabello canoso tirita en el instante mismo que su mano desciende su vaso, su camisa desgastada cubre su flácido cuerpo. Ese hombre voltea, entonces, y profiere una sonrisa pusilánime hacia mí, en el instante lo reconozco: ese hombre desgarbado ha estado dentro de mí desde hace mucho tiempo. Su nombre, su nombre ha resonado mucho tiempo en mis tímpanos e incluso sus vivencias han marcado mi existencia... Ese otro hombre, tal vez, soy yo o tal vez es alguien más...
sábado, 15 de enero de 2011
Cinco Canciones de Amor y Un Universo Paralelo VI (Coda)
jueves, 30 de diciembre de 2010
Cinco canciones de amor y un universo paralelo V
Por Diego Bang Bang
Contra el sufrimiento la belleza no puede hacer nada. Ariadna mira las cartas y las lee sentada en la orilla de la cama, se pregunta las cosas que hizo erróneamente y admite ese pesado sentimiento que se acurruca (imperceptiblemente) en su corazón. Piensa en ese funesto embarazo: en lo más maravilloso de la vida arruinado por los torpes hábitos sexuales, arruinado por la incompatibilidad de los tiempos y, finalmente, arruinado por la infranqueable e insoslayable separación con Lucio. Se imagina (a veces también lo sueña) a ese pequeñín guarecido en sus brazos o succionando impetuosamente uno de sus senos; también, sus rasgos más pequeños desde el color de sus ojos, su particular olor e incluso su singular tono de voz.
Se suelta y cae en su rígido colchón: sus ojos miran directamente al raído techo de su cuarto. Absorta, Ariadna, quisiera tener la respuesta, el entendimiento para comprender esa sensación de vacío, esa llama quemante en el alma, ese mareo vertiginoso que ha sacudido su vida. Por qué se sentía asesina, por qué no se sentía con el derecho para hacer lo que hizo, por qué un abismo insondable se le colocaba enfrente de la vida… Aquel aborto sólo le plantaba miríadas de porqués en su cabeza. Desde el momento de la tempestuosa noticia, Lucio y ella arremetieron con más empuje el uno contra el otro: el velado odio comenzó a escalar hasta convertirse en la actitud predominante. Peor aún, terminó por odiar a aquella naciente criatura.
Cierra los ojos e instantáneamente un par de lágrimas comienzan su recorrido: Ariadna comienza a tragarse el dolor y no encuentra lugar dentro de su cuerpo; por momentos se imagina a sí misma tasajeando a su hijo o, incluso, se imagina aceptando con gusto la flagelación de algún verdugo medieval. En el momento más aciago cree fervientemente en el suicidio mientras contrae su cuerpo y, toda ella, se vuelve un entramado de dolor. Precisamente ese entramado que sirve de conducto a la prudencia, el mismo que hace abrir los ojos incluso al más necio.
Ariadna se levanta y camina en dirección al reproductor, busca dentro de la gama de discos disponibles: recuerda lo importante, tanto para Lucio como para ella, de la música de los Manic Street Preachers. Pulsa play: comienza una discreta melodía y una suave batería; exactamente después de los primeros treinta segundos y el primer verso surge el verso que, de ahora en adelante, marcará invariablemente su pasada relación con Lucio: “Lovers wrapped inside each others lies”.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Cinco canciones de amor y un universo paralelo IV
Por Diego Bang Bang
La noche es oscura, los rascacielos son imponentes, la vida es demasiado controlada (incluso en una galaxia de la periferia) en estos tiempos de progreso y prosperidad. Danieri mira el expediente: un caso de violación de parámetros de pensamiento. El sello del departamento es un águila de metal con dos ojos enigmáticamente penetrantes. Policía del Pensamiento: Departamento de Abstracción, un buró de investigación meticulosamente planeado para las rupturas con los esquemas de pensamiento propios de un ciudadano de la Vía Láctea.
Danieri estudia los rostros, las ocupaciones de este par de individuos y piensa una manera de atraparlos: llevan ya varias amonestaciones por transgredir los límites de abstracción. Al parecer su relación con la Sustancia Soma (la SS de las drogas) es muy estrecha. Danieri mira, piensa, cavila… Repentinamente su radio de ondas hertzianas recibe un mensaje: los jóvenes sospechosos han sido videados en las cercanías de una estación del STI. Danieri prende sus jets a propulsión y calcinando los restos ígneos del pavimento sale a toda velocidad.
La zona centro de la Ciudad de México, lugar conocido por sus traficantes de Sustancia Soma, es donde comienza la persecución: las ondas cerebrales de los sospechosos fueron detectadas a las afueras del recinto parlamentario de San Lázaro. Danieri planea interceptarlos en unos segundos en la estación terrenal Cuauhtémoc; es de suma importancia no permitirles la llegada a la estación matriz de Observatorio.
Ya en Cuauhtémoc se escucha una canción clásica del añejísimo siglo XX: Neon Lights de Kraftwerk, proverbial expresión de los páramos citadinos del futuro. Sube al tren, se recarga en las puertas corredizas, mira, observa, busca la señal de Ondas Cerebrales (OC). Camina entre los pasajeros abstraídos en los paraísos virtuales ofrecidos por la tecnología. El radar marca cada vez más cercanas las señales de ambos individuos: Kosmofly y Kometen. De pronto las miradas se funden: la cacería ha comenzado.
Los fugitivos prenden sus jets y pasan a una velocidad apoteósica entre los cuerpos y cabezas de los ciudadanos mexicanos. Algunas veces chocan y reciben insultos o empujones. Por su parte, el detective Danieri grita entre los usuarios: “guarden la calma, misión de la Policía del Pensamiento”. Entre las miradas de reprobación los fugitivos llegan al vagón de control. Están cercanos a llegar a Observatorio, lugar en el que podrán montar el águila mecánica rumbo a Aldebarán o Vega —estrellas fuera de la jurisdicción de Danieri.
En la oscuridad del vagón principal su ropa de led brilla con más intensidad. Los golpes al conductor son lo suficientemente fuertes como para tenderlo en el piso inconsciente. Danieri se mira venir a través de la pequeña puerta divisoria. Kometen atranca la puerta y Kosmofly navega la nave a través del hoyo de gusano. Por fin han alcanzado Observatorio: brincan aún con los jets encendidos y a gran velocidad alcanzan a entrar en una de las águilas metálicas; Danieri ha fracasado (los sospechosos se caracterizan por saber manejar de maravilla los jets a propulsión) y, con la mirada clavada en el rostro de los fugitivos, mira partir el águila mecánica a la velocidad de la luz. Aldebarán se encuentra fuera de su jurisdicción: sólo queda hacer un reporte a la estrella de la galaxia Tauro.