> Arcanum VI

domingo, 9 de octubre de 2011

Estrella Itinerante

Estrella Itinerante

Por Diego Bang Bang

Su nombre le parece harto literario porque le recuerda su escrito favorito de José Emilio Pacheco. Su voz le recuerda al desierto. Su mirada, furtiva y huidiza, se mueve a través de su cabeza todo el día. De unos pocos días a la fecha, siempre se pregunta por su paradero. También se pregunta por el misterio de su larga cabellera.

Sale a la terraza con un vaso de alcohol. Desanuda su corbata y piensa en el complejo del eterno adolescente. Imagina que su corazón es tan frágil como un cisne de pan. Recuerda el único referente directo entre ambos: una canción sobre las estrellas itinerantes.

Y aunque en calma, la nula prosa estelar lo pone ansioso. Más si sus personajes favoritos hablan sobre galaxias lejanas y supernovas de champán. Bebe. Piensa en bajar, sentarse frente a la computadora y recomenzar la historia. Ahora con la mujer del velo natural. Entonces se pregunta si alguna vez la habrán deseado literatura mediante. Vuelve a recordar cuando se conformaba con poder mirarla y desearla en secreto. En deseo silente y rutilante. Su velo natural y su sonrisa espontánea.

Baja, pues, y pasa de largo frente al brillo de la pantalla. En éste se pueden ver pusilánimes párrafos. Cuando regresa y lee de sopetón, se da cuenta que la mujer del velo natural ya se encuentra esbozada. Piensa que podría escribir algo acerca de la inevitabilidad de los personajes, de la velocidad de las cosas como diría Rodrigo Fresán.

Con su vaso lleno de whisky, se da cuenta que si sublima ese velo, a la mujer del velo natural, podría sacarla de su cabeza. Algo como un exorcismo literario. Eso, precisamente, es lo que necesita. No sólo esbozar a la mujer, plasmarla. Para su mala suerte, la vio muy poco tiempo y la fotografía que tiene es una fotografía colectiva. Ella apenas y se alcanza a distinguir y junto a su velo natural una mala iluminación. Y ahora se ha dado cuenta, la mujer del velo natural es una estrella itinerante.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Corridos Urbanos II

«Materializa» en boda

Por Diego Bang Bang

Tijuana, Baja California. Según invitados, a mitad del baile, en mitad de la pista apareció un hombre desnudo rodeado de una “fuerza de electricidad” y convulsionó durante tres minutos.

Mientras en una localidad de la periferia de Tijuana se celebraba el tradicional baile de “La Víbora de la Mar”, los 250 asistentes de una boda presenciaron un “fenómeno inusual de materialización”.

Laura Guerrero, invitada de la celebración, dijo que cuando el hombre tuvo conciencia no logró recordar su nombre y que gente de la casa anfitriona llamó a las autoridades municipales.

“Después de que todos corrimos asustados, porque creímos que podría ser el resplandor de una granada”, dijo, “regresamos y vimos que había abierto los ojos, le preguntamos su nombre, pero dijo no recordarlo; después, la novia llamó a una patrulla”.

El «No identificado» fue atendido por el Ministerio Público de Tijuana y se está a la espera de saber su situación jurídica en el Estado.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Alquimia Musical # 1

Las presiones sanguíneas de The Kills

Por Diego Bang Bang

En el escenario hay dos polos de atracción. Del lado izquierdo se encuentra el mago del feedback, Jamie Hince, y del lado derecho se encuentra la tigresa albina, Alison Mosshart. En la primera canción, “No Wow”, la fuente de sonido comienza a brotar. Es la primera invitación al mundo del ruido como forma de arte.

El mago Hince muestra su habilidad para construir densas paredes de sonido. Sólo necesita de una pedalera, de un secuenciador y el apoyo de un roadie que afina constantemente las tres guitarras que manipula. Y, entonces, “el futuro comienza lentamente”.

Antes de la apoteosis melódica de cada canción, la tigresa albina camina inquieta por su espacio en la parte derecha del escenario. Su recorrido de cuatro esquinas forma un cuadrado, una jaula imaginaria que invita a la sensualidad. Entonces, la fuente vuelve a brotar y la tigresa sentencia: “Ama, ama hasta que tengas suficiente/Baila, baila si no tienes amor alguno”.

Los dedos de Hince manipulan el secuenciador dispuesto para la sección rítmica de las canciones. “U.R.A. Fever” funde las artimañas sónicas del mago con los melodiosos versos de tigresa albina. Por un momento parecen figuras vicarias, sonido y movimiento en el anverso y el reverso, la sensualidad que raspa y acaricia al mismo tiempo.

En el siguiente truco todo depende de la metamorfosis. La sensual tigresa de pelo morado debe convertirse en una presa acechada por el amor. Su vistoso pelambre pierde volumen, se apacigua. Y el mago convertido en titiritero del piano lanza una melodía. La tigresa toca su pecho, cierra los ojos y canta: “Escuché lo que dijiste y te amo hasta el punto de morir”.

En la última canción la fuente de feedback vuelve a brotar constante y machacante. Para entonces el ritmo de los corazones se ha apresurado; para entonces, la sangre ya no es la misma.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Desencuentros

Por Ladybug



Es sábado por la tarde y en un principio siento que te extraño, quizá es porque cuando camino miro una tarde llena de parejas que se toman de la mano y pasan sonriendo y murmurándose cariño, también influye a sobre manera el calor que ha empezado a invadir mi cuerpo, resultado por una parte, de la tarde veraniega que hace varios meses no se miraba por esta ciudad, y por otra, de los tragos que por mí se van esparciendo. Ni siquiera han pasado veinticuatro horas desde aquel placentero encuentro y sé que el fin de semana se vislumbra cada más largo que los anteriores. Por un momento la plática se refiere a ti, pero yo, ágilmente, logro evadir el tema, no me interesa que nadie más conozca el secreto, es poco probable que ellos lo difundan, pero mi paranoia me dice que debo guardar silencio.

Han transcurrido ya varias horas y en medio de la fructífera charla, de pronto, me doy cuenta de que él representa una amenaza, no es posible que sea tan sencillamente inteligente, sus palabras corren como agua, es tan espontáneo y contundente; inmediatamente percibo la empatía y a pesar de que pienso en ti, quiero acercarme y lograr que el debate se convierta en una plática de dos. En ese momento no me importan tus manos que ayer acariciaron mi espalda, ni tus brazos que me apretaron para demostrarme que no me dejarías ir, minimizo las consecuencias (tal como lo hice para poder estar a tu lado) y dejo que mis deseos sean los que actúen.

Es evidente que le intereso, ya que después de unos minutos los dos hemos conseguido evadir a todos y concentrarnos en nuestro reconocimiento, no me mira con deseo y el efecto del alcohol está en una fase rara de difuminación, es así que salimos a dar la vuelta y ninguno de los dos busca el contacto físico, las palabras fluyen y se resbalan entre nosotros. Después de una serie de desilusiones hacía tiempo que no me permitía rendirme ante la primera impresión, pero inexplicablemente, esta vez no puedo evitarlo. Y es que ahora no es el deseo el que está hablando, sino la inmensa fuerza de nuestros yos que se están encontrando.

Por eso decido extender la noche hasta sus últimas consecuencias, estoy consciente de que mientras mayor sea el tiempo que pase encontraré más virtudes en él, lo cual se convertirá en un sentimiento extraño de gusto mezclado con angustia y confusión. Es tarde y debo irme a casa, después de hablar toda la noche no puedo esperar el momento de volver a verlo, hemos establecido el medio de comunicación y ahora sólo me queda esperar una señal.

Son las tres de la madrugada y no puedo dormir, miro la luna que se asoma por mi ventana y leo uno de los tantos poemas que le han sido dedicados, parece que ella es mi única compañera en este momento en el que comienzo a imaginarme la futura e hipotética situación: ¿Qué sucedería si entre él y yo pasa algo más que este efímero encuentro? Qué tal si descubro en él aquello por lo que tanto tiempo estuve llorando y entonces tengo que olvidar lo poco que tengo contigo y decirte que eso es todo. De acuerdo con la lógica de tus palabras no estarías conforme porque soy lo único que vuela en tu vida.

Y es entonces cuando me pregunto cuál sería el peor de los egoísmos, el tuyo al entristecerte y decirme que no me vaya, pretendiendo que permanezca oculta para siempre, formando parte de lo que hay detrás del telón de tu vida, o el mío que diría que estuve contigo porque no había otra opción, que eras perfecto para el momento, mientras llegaba él, quien puede ofrecerme al menos, un poco de verdad.
Es muy irónico cómo en un principio fuiste como un respiro y ahora de alguna forma, eres algo que me ahoga. Te quiero y me encanta la forma en que tus labios me besan, tus ojos me miran, tu respiración me estremece y tus brazos me estrechan; amo descansar en tu pecho después de la ansiada cercanía y la progresiva unión de nuestros cuerpos. Y aunque sé que tú también me quieres y me deseas tanto como un yonqui a su efedrina, no creo que esta adicción nos conduzca a algo sano.

Entonces lo veo a él, quien se apareció con esa sonrisa afable y mirada despreocupada, libre de compromisos con la vida, no tuvo que llegar a su casa porque alguien lo espera con cuestionamientos mordaces, ni me dio un código para que podamos hablar, el único código que existe entre nosotros es el que nos pertenece a cada uno y en apariencia es el mismo, la verdad expuesta al otro.
Todo parece tan limpio a su lado, tan saludable, tan fácil; volteo la cara y me pregunto ¿de verdad eres una efedrina tan cruel para dejar al yonqui con el síndrome de abstinencia? , ¿verlo hundirse en su desesperación y ansiedad sin un poco de misericordia? ¿Darle la espalda que una vez ofreciste a sus caricias?

Quizá no lo vuelva a ver y no sea la maravilla que parece, es muy probable que no nos esté esperando una mágica historia de amor, pero me ha hecho darme cuenta de que mientras mayor sea el tiempo que pasemos juntos me sentiré más culpable cuando tenga que dejarte, sé que no es justo ya que no puedo prometer un siempre a alguien que no me ofrece ni siquiera un completo hoy, no pretendo esperar a que los años pasen así como han pasado estos meses y seguir siendo el vapor de tu felicidad. Por eso, esta mañana desperté pensando que te quiero y amo estar contigo, pero que de a poco nos iremos ahogando uno al otro hasta que nuestras emociones mueran y no queden más que recuerdos llenos de odio, desesperación y culpa, aunque es demasiado tarde porque hoy también me di cuenta que a veces también la efedrina necesita a su yonqui.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Corridos Urbanos I

Torturada... y en recuperación

Por Diego Bang Bang

Los Angeles, California. Nicole Mendoza Suárez fue torturada en las inmediaciones del table dance Frankie Oh! el pasado viernes. El lugar, también conocido como Narkie Oh!, se presume pertenece a Francisco Arellano Félix supuesto integrante del Cártel de Tijuana.

Según el informe pericial del atentado, Nicole Mendoza recibió fuertes agresiones craneales y disparos en el rostro. También, en el mismo informe, se establece que tiene marcas de violación y el par de senos cercenados.

La mujer de 25 años de edad fue encontrada en el baño del inmueble con el rostro sumergido en la taza de baño.

Se desconocen los móviles del atentado y las causas de la presencia de la mujer en el lugar. Se encuentra en recuperación en el Hospital General de Tijuana.

lunes, 1 de agosto de 2011

Entomología urbana

El efecto mosca


Por Sonny DeLorean


Uno siempre busca los vestigios de su condición en lo que más le acomoda o en esas marcas imperceptibles que se esconden a primera vista. Uno nunca cree ser el testigo de la condición compartida por muchos de nosotros en una escena del orden común, tan acostumbrada para mí y para ellos. Dice Salvador Elizondo que Un efecto que se puede producir con dos causas distintas es un efecto deleznable y ese es el (de)efecto de nuestra condición.


Eras tú, amigo lector, o era yo, remedo de escritor, no recuerdo, eso es lo de menos, estábamos ahí todos lo que quieran verse reflejados aquí. Sólo sé que fue instante llamado simultaneidad, una mosca postrada en la caseta telefónica comienza el movimiento alatorio y las perturbaciones del ambiente hacen que comience a llover. La causa era la misma que producían las alas de la mariposa, no hay novedad, pero eso no explicaba por qué un beso terminaba con sabor a despedida, por qué la distancia del abrazo dejaba una estela de recuerdos y cosas que faltaron por hacer, por qué su mirada estaba sumida en esa línea infame y difusa que separa el amor del dolor y viceversa, por qué su presencia le resultaba ahora y siempre tan ajena motivándolo a sentir su condición de des(dichado). Entonces la mosca estaría en la misma dirección que su movimiento le confiere, sería el átomo desencadenado, pasaría de un vuelo incomprensible (el sueño de todo hombre) a suspender éste en el cascajo, en la mierda (hacía donde todos vamos).


Las causas eran las mismas: el aleteo de un insecto; el efecto: ¿habría sido diferente quién aletea? Obviamente que sí, pero las mariposas no viven en la ciudad. Además las moscas son mejores compañeras, hasta en la boca dejada de los borrachos entran sin ningún aviso, sin ningún sigilo, a ellas no les da asco, son las primeras presencias que reconocen y nos acompañan en la muerte. Tal vez por eso son mejores para explicar la naturaleza de ellas en nosotros y el efecto que nos condiciona. Una naturaleza más compleja y menos completa, tal vez inacabada; más confusa y menos tendencial, seguramente implacable; más expuesta y menos entendible, de ahí la incongruencia y su encanto; después de todo las moscas también sirven como argumento para explicar la realidad, y claro, el porqué las mujeres hacen que ésta sea más confusa, “digerible” y entrañable.


Este suceso podría sonar como una fatalidad en acecho de la causa y efecto de una desgracia meramente formal, humana. No obstante estoy convencido de que El efecto mosca no motiva la des(dicha) por una patología o por sentir una dependencia inmerecida; sólo es resultado del daño colateral, de la causa pérdida. El efecto mosca lo encontramos por un recóndito azar que no es necesario comprender, así, como el movimiento perpetuo de la moscas.


Ese mismo movimiento perpetuo es el que me permite no hablar a título personal, y puedo asumir que me ha llevado no sólo a reconocer esa cualidad que Eduardo Torres presume de los enanos: Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista. Confirmo que el reconocimiento es aún más inmediato que el de ellos, no sólo por la apariencia desconsolada y un tanto miserable, sino también por nuestro estado permanente de sístole-diástole propio de las enfermedades crónicas del corazón, puedo sentir su desdicha a mi manera, pero no deja de ser la misma. Nos encontramos en el metro, en la cantina o a donde nos lleve la mosca, y nos lo decimos, no es necesario cruzar palabra alguna, me basta ver su puño cerrado, sus ojos inmisericordes que maldicen a la mosca, su cara trémula y pensar en el mal endémico (tan necesario en nosotros) de nuestra condición para extendernos la mano vacía, o la mano con una cerveza para saber que: “Hay que compartir el amor, porque es una fermentación morbosa, se sube pronto a la cabeza y nadie puede consumir una mujer entera” (¿desde cuándo me gusta tanto el alcohol?).


Al menos todos lo que hayan llegado aquí, sabrán que El efecto mosca no es una generalidad. Lo digo por aquellos que me han llamado incompetente e incapaz, que ellos han visto volar moscas y son inmunes a su efecto, que han aprendido a condicionar su comportamiento en presencia de ellas (y de las mosca) y hasta saben como catarlas y controlarlas; yo nomás no puedo, o no quiero (que para este caso es lo mismo). No diré que me gusta mi condición anquilosada, pero qué gratas son las recaídas porque así puedo empezar a reanimarme (y pensar en la des[dicha] que viene). Después de todo esto es un principio de vida: nos caemos para levantarnos, siempre he fijado mis límites, para algunos es el cielo, yo no voy tan lejos, tengo ese con(suelo).


Me apena darme cuenta que es absurdo buscar explicaciones y equiparar el aleteo de una mosca para entender el desdén de las mujeres en mí y en los que me siguen (cada vez son menos), o tratar de encontrar una razón para entender los sinsentidos de sus actos, ya ni mencionar mi búsqueda en su movimiento browniano para comprender mi proclividad a la des(dicha); ese podría ser el problema, no hay que comprender la des(dicha) que provocan las mujeres y conformarse sólo con eso… con disfrutarlo. Por si las dudas ya no sonsacaré a esa mosca, dejaré que repose donde mejor le apetezca y tal vez pueda entender porque está lloviendo.

martes, 19 de julio de 2011

Colvin´s Stomp

Colvin´s Stomp

Por Diego Bang Bang

Se me permitirá—espero— el hecho indiscutiblemente incorrecto de que uno de los integrantes del trío no cuente esta historia. Sin embargo, la licencia más necesitada de mi parte esta noche es aquella en la que el lector no requiere demasiada información sobre mi persona. Mi cualidad, desde hace varias fiestas, de náufrago me ha hecho perder el registro de algunos datos vitales para el lector común—aquel que necesita ir en la página cincuenta para hacer una metáfora sobre el título del libro en cuestión. Náufrago de carrera: la estación de aterrizaje de hoy es un concierto de Los Colvins.

Mi estratagema fiestera va de la siguiente manera: un poco de Whisky en las rocas, un poco de vodka en jugo de arándano, previa visita del cartón bajo la lengua, un ipod y una credencial por si el baño está ocupado, las citas de Hornby en un papel de baño por si llegan los intRa, una frase de amor en la bolsa pequeña del pantalón… Las cinco canciones de “esta semana”: 1.-“Paddle Away” de Los Santisimos Snorkels; 2.-“Big Wave Riders” de Los Coronas; 3.-“The Casbah” de Los Straitjackets; 4.-“Mazatlan Stomp” de The Sir Finks; 5.- “Corazon Loco” de Los Twang! Marvels.

Náufrago—decía— intergaláctico de los mil placeres y de los mil plácemes. Me resisto a pensar que lo mejor de la fiesta sucedió en los años ochenta; me resisto, también, a erigirme como la única antena de este naufragio. Los Colvins también son antenas de este cariz.


Así lo siento cada vez que prenden sus amplificadores.

Cada vez que afinan sus instrumentos.

En sus melodías.


Así lo siento ahora en medio de este predio baldío, con Celia dormida en el bombo de la batería.

Así se siente en el cover de “I Wanna Sniff Some Glue”.

En la letra de “Eres una Puta”.


En el cuartel principal de toda esta operación—siempre el baño con el destapa caños, los papeles con mierda como reflejo de tu condición, siempre dispuesto a servir de desagüe para tus pensamientos— presiento que algo está totalmente mal. Ninguna de las canciones de estos Colvins trata el tema de la muerte. Al menos no directamente. Es raro, muy raro, que mi pensamiento más constante sea ese en este preciso instante.

Alcanzo a ver un par de siluetas — ¿alguna canción sobre siluetas burdas? Ella dice algo sobre sexo anal en la bañera y él responde con una carcajada demoniaca. Abro un poco los cristales uniformes de la ventanita. Estoy en busca de un respiradero en medio de este limbo hostil. Repentinamente, tocan el cristal del baño y sólo alcanzo a pronunciar la torpe frase «en un momento».


¿En un momento qué?

Escucho el trepidante sonido de un redoble.

Quizá la muerte.